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Don de Sabiduría
O sea un gusto especial por todo lo que es espiritual, por
todo lo que se refiere a Dios o al bien de las almas.
Este don que nos fue regalado desde el día del bautismo y se va aumentando si lo
pedimos rezando, nos hace saborear con simpatía las verdades divinas. Nos hace
apreciar los atributos divinos por ejemplo: que Dios es Creador, Redentor,
Santificador.
No es un sentimentalismo, sino una convicción.
Nos hace llamar desgracia al pecado, al no cumplir con el deber, a la
infidelidad a Dios y no a otras cosas.
Da una experiencia sabrosa de lo sobrenatural. Quita los motivos humanos al
obrar. Hace que ya no obremos por ser admirados o porque nos agradezcan o
estimen, sino solamente para que Dios quede contento.
Jerarquiza las aficiones: ya no se le da el primer puesto a las aficiones
terrenas ni a los gustos del cuerpo sino a lo sobrenatural, a las cualidades del
alma.
Esta sabiduría es aquella de la cual dice la Santa Biblia: La Sabiduría vale más
que todos los objetos preciosos y nada hay que se la pueda comparar. (Proverbios
8, 11).
El don de sabiduría hace que sea muy agradable rezar. Hace que la persona goce
en la oración, y encuentre verdadero gusto en la lectura de buenos libros
especialmente en la sagrada Biblia.
Da disgusto por todo lo que sea pecado y egoísmo. Quita la simpatía por lo
prohibido por Dios y da una gran antipatía por lo pecaminoso. Por este don los
santos preferían mil veces la muerte que cometer un pecado.
Por este don los santos tenían simpatía por Dios, por hacer obras buenas, por
humillarse y sacrificarse. Después de saborear con este don lo que es divino y
sobrenatural, ya todo lo que es pecado y egoísmo material causa disgusto y asco.
Don de Fortaleza
Es una fuerza especial para realizar lo que Dios quiere de
nosotros y para resistir con paciencia y valor las contrariedades de la vida.
Seréis revestidos de la fuerza de lo alto -prometió Jesús-. La gente se admira
del valor de los mártires, de la paciencia de tantas personas santas, de la
constancia de tantos héroes católicos, porque se imaginan que esas fuerzas las
sacan de ellos mismos, cuando en realidad toda su fortaleza la reciben del
Espíritu Santo.
¿Quién hubiera creído que el cobarde Pedro que negó tres veces a Jesús lo iba
después a predicar delante de los tribunales y en las plazas hasta dar su vida
por El? Es que recibió el don de fortaleza.
La vida es a ratos tan dura que sin el don de fortaleza no seríamos capaces de
aguantarla sin desesperación
Cuántos respetos humanos ayuda a vencer el don de fortaleza! Y cuántos actos de
generosidad inspira!
Hay tentaciones tan violentas e inesperadas que si no fuera por una intervención
del Espíritu Santo con su don de fortaleza, no podríamos resistir.
Para los enfermos, para los pobres, para los que sufren tentaciones fuertes y
para quienes tienen que hacer oficios difíciles, es utilísimo este don para que
no se desanimen y cumplan bien su oficio aunque cueste mucho.
Cuántas personas se desanimaron y fracasaron porque no pidieron este don del
Espíritu Santo, y las dificultades de la vida los vencieron.
Don de consejo
Hace que al momento de escoger, escojamos lo que más nos
conviene: Inspira lo que se debe hacer y lo que se debe decir y como se debe
decir. Lo que se debe evitar y lo que se debe callar
Inspira remedios para no pecar: rezar, hacer sacrificios, estar ocupado, leer,
etc.
Nos llena de inspiraciones. A veces por medio de una buena lectura el don de
consejo nos ilumina que es lo que Dios está esperando de nosotros.
El Santo Cura de Ars era el menos inteligente de los de su curso y sus consejos
hacían mayor bien que los sermones de los más doctos predicadores porque había
obtenido del Espíritu Santo el don de consejo.
Con este don se cumple lo que Jesús prometió a sus discípulos: El Espíritu Santo
os enseñará todo.
Las personas que reciben este don tienen la rara cualidad de encontrar
soluciones rápidas para casos urgentes, y guiar a otros para que eviten lo que
no les conviene.
Mucha gente de fe pide al Espíritu Santo este don, aún para cosas materiales por
ejemplo: si les conviene o no hacer un negocio. Y para cosas de gran importancia
por ejemplo: ¿que profesión escoger? que persona será la que le conviene en
matrimonio, etc. y el Divino Espíritu viene en su ayuda con iluminaciones que
les hacen gran bien.
Oh Espíritu Santo: Amor del Padre y del Hijo: Inspíranos siempre lo que debemos
hacer y lo que debemos evitar. Lo que debemos decir y lo que debemos pensar,
para procurar tu gloria y el bien de las almas. Amén
Don de Piedad
Es una especie de afecto filial hacia Dios.
Es lo que nos hace sentir un cariño especial por todo lo que tenga relación al
culto, a la Palabra de Dios, a los sacramentos, etc.
Las personas que reciben este don sienten un aprecio especial por todo lo que
sea oración y meditación.
Tienen hacia Dios un cariño como hacia un Padre amorosísimo, y todo lo que sea
por su Reino les llama la atención y lo hacen con gusto.
Este don fue el que concedió a San Francisco Javier, a San Pablo, a San
Francisco de Asís y de Sales, tan gran deseo de hacer conocer a Dios por muchas
gentes y hacerlo amar por el mayor número posible de personas.
A quien tiene el don de piedad ningún sacrificio le parece demasiado con tal de
obtener que otras personas conozcan y amen a Dios.
Don de entendimiento
Es una facilidad para comprender lo que Dios nos dice por
medio de su Palabra en la sagrada Biblia o por otros medios.
Podemos pasar años leyendo un pasaje de la sagrada Biblia y no entenderlo. Pero
viene el Espíritu Santo con su don y en un momento comprendemos lo que antes
nunca habíamos entendido.
Eso les pasó a los apóstoles después de la Resurrección de Jesús. el Espíritu
Santo les hizo entender todo lo que Jesús les había enseñado y que antes no
comprendían.
Por medio de este don logró San Agustín descubrir tantas maravillosas enseñanzas
en la Santa Biblia (que antes no había descubierto aunque leía y leía). Por este
don a San Antonio se le hacían cortas las noches que pasaba leyendo la Santa
Biblia, porque descubría allí bellezas no imaginadas.
Don de ciencia
Es una facilidad para distinguir entre lo verdadero y lo
falso. Muchas personas creen como verdadero lo que es falso y en cambio no
aceptan lo que es verdad. Sólo cuando el Espíritu Santo les dé el don de ciencia
sabrán distinguir bien la verdad de la mentira y quedarse sólo con la verdad.
Esto es importante porque en la actualidad hay gente que enseña muchas
falsedades y muchas personas les creen y se dejan engañar.
Este don hace ver el verdadero valor de las riquezas y de los honores, que se
acaban tan fácilmente.
Este don ha llenado de religiosos los conventos porque los convence de que lo
que más vale no es lo material sino lo espiritual.
Don de temor de Dios
Es un temor cariñoso que nos inspira miedo a ofender a Dios,
por ser El un Padre tan generoso y lleno de bondad hacia nosotros, y también
porque sabemos que Dios no dejará ni un sólo pecado sin castigo.
Es una repugnancia por alejarse de Dios, es un temor a disgustar al Ser que más
amamos. Es un horror a contrariar a nuestro Dios.
Todo, menos que apartarnos de nuestro Dios. Es pues un temor que nace del amor.
Este don era el que hacía estallar en lágrimas a los santos cuando cometían
alguna falta. Este don fue el que hizo que el Rey David odiara tanto la falta
que había cometido. Este fue el don que obtuvo que Magdalena se apartara para
siempre del pecado...
¿Qué condiciones se necesitan
para obtener los dones y gracias del Espíritu Santo?
La Oración: Jesús dijo: El Padre Celestial dará el Espíritu
Santo a quienes se lo pidan (San Lucas 15, 13).
Millones de personas en todos los tiempos han experimentado el prodigioso valor
de la oración cuando necesitan una iluminación de lo alto, o una fuerza para su
voluntad, o una buena dosis de amor espiritual para su corazón desanimado, etc.
Aquí se cumple la promesa del Señor: Todo el que pide, recibe.
Lectura de la Santa Biblia: Muchísimas veces el Espíritu
Santo habla al alma por medio de la Santa Biblia. Esta ha sido el medio
ordinario que ha usado por siglos y siglos. Es casi imposible leer una página de
la Biblia con fe y atención, y no recibir en el alma un importante mensaje del
Espíritu Divino.
Por eso que el rato más benéfico del día, después del que se dedica a la
oración, es el que dedicamos con paz y humildad a leer una página del Libro
Sagrado. Dejar un día sin leer algo de la Santa Biblia es dejar pasar esas 24
horas sin sintonizar lo que el Espíritu Santo nos quiere comunicar.
Evitar el pecado y tratar de vivir en gracia de Dios: San
Pablo decía: No contristéis al Espíritu Santo ¿No sabéis que sois templos del
Espíritu Santo? ¿Vais a profanar con el pecado el Templo del Gran Dios?
Cada vez que cometemos un pecado echamos el Espíritu Divino de nuestra alma. ¿Y
como pretendemos que El obre maravillas en nosotros si le negamos hospedaje en
nuestra alma?
Por eso el más grande enemigo de los dones del Espíritu Santo es el pecado
aceptado y no odiado.
Hay pecados inesperados, por sorpresa, por momentos de especial debilidad, pero
que luego se lloran, se odian, se confiesan, y se hace el propósito serio de no
cometerlos más.
Estos no impiden por largo tiempo la intervención del Espíritu Santo. Pero esos
pecados, aceptados tranquilamente, que el alma quiere excusar, que no se odian,
y cuya ocasión de cometerlos no se evita, esos sí, ponen un obstáculo casi
irremediable para que el Santo Espíritu de Dios pueda llegar al alma y
santificarla.
Agradecerle sus beneficios: Muchos piensan demasiado en la
obra del hombre y muy poco en la obra de Dios. Por ejemplo: reconocer los éxitos
que nosotros u otras personas hemos obtenido en virtud, en apostolado, en
promover obras en favor de los demás, es algo muy justo. Pero olvidar que es el
Espíritu Santo quien nos ha concedido el poder hacer buenas obras, que es el
Espíritu Santo quien nos ha inspirado y aconsejado lo bueno que debíamos hacer y
quien nos ha hecho posible los éxitos que hemos obtenido: eso sí es ingratitud.
Porque ni nosotros ni nadie somos virtuosos o tenemos éxito por nuestro
esfuerzo. Lo que obtiene éxitos es la bendición de Dios.
Tener una gran devoción a la Virgen María: San Luis Monfort
enseñaba que el gran secreto para que el Espíritu Santo venga a un alma es tener
una verdadera devoción a la Santísima Virgen.
Cuenta el Evangelio que apenas María visitó a Isabel, ésta se sintió llena del
Espíritu Santo. Y es que María era en verdad un Templo donde moraba el Santo
Espíritu de Dios.
Por obra del Espíritu Santo concibió la Santísima Virgen al Redentor del mundo y
estando ella reunida con los apóstoles el día de Pentecostés, descendió el
Espíritu Santo en forma de lenguas de fuego sobre su cabeza para traer todos los
tesoros de sabiduría, fortaleza y amor de Dios.
El Concilio Vaticano II le dió a la Santísima Virgen el bello nombre de SAGRARIO
DEL ESPIRITU SANTO. Sagrario es lo que guarda algo precioso para repartirlo a
los fieles. La Virgen guarda al Espíritu Santo en su alma para repartirlo a sus
devotos.
La historia cuenta cómo todos los grandes santos que eran devotísimos de la
Madre de Dios, estaban también plenos de los dones del Espíritu Santo.
Y nosotros experimentaremos también esto mismo: una vez que seamos verdaderos
devotos de la Virgen María, sentiremos llenarse nuestra alma de las luces y
gracias del Divino Espíritu. Amén.
¿Qué obras hace el Espíritu Santo en las personas?
1. Imparte Luz:
Ilumina. El Espíritu Santo abre el entendimiento del discípulo. Este es un papel
esencial en el plan divino de la redención. Los que son del Señor necesitan luz
para entender las verdades espirituales. La persona humana no tiene la capacidad
del buen entendimiento espiritual sin la iluminación del Espíritu Santo. El día
de la Resurrección iba con dos hombres por el camino de Emaús. Los dos no
reconocieron a Jesús sino hasta que les "fueron abiertos los ojos". Y lograron
entender la palabra de Dios "cuando les abrió el entendimiento para que
comprendieran las Escrituras". Esto mismo sigue haciendo hoy el Espíritu Santo:
sigue abriendo e iluminando nuestro entendimiento para que comprendamos la
Palabra del Señor.
2. Da valor para dar testimonio:
Dijo Jesús: Recibiréis el poder del Espíritu Santo que vendrá sobre vosotros y
seréis mis testigos hasta el extremo de la tierra. San Pedro decía: Los hombres
santos que hablaron de parte de Dios, no hablaron por voluntad humana, sino
inspirados por el Espíritu Santo.
3. El Espíritu Santo convence del pecado y da ánimo
para combatirlo:
Una de las obras más admirables del Espíritu Santo es el convencernos del pecado
y darnos una gran fuerza para combatirlo y evitarlo. La persona puede ser
informada, puede ser objeto de prédicas, y puede aceptar mentalmente, pero
mientras que este conocimiento no se vuelva algo personal e interno a través de
la obra del Espíritu Santo no habrá antipatía ni fuerza suficiente para cambiar
la vida. La obra del Espíritu Santo es preparar el corazón del hombre para que
reciba la redención que le trajo Jesucristo. Y la primera preparación tiene que
ser el arrepentimiento de los pecados. El Espíritu Santo llama la atención de
las personas acerca de lo dañino y digno de repudio que es el pecado, sobre todo
el pecado de incredulidad, de falta de amor y el egoísmo. El Espíritu Santo no
deja en paz el corazón del discípulo que peca. Le inspira la convicción de que
es absolutamente necesario liberarse del pecado que lo separa de Dios. Así el
Espíritu Santo va guiando a la persona hacia la madurez espiritual. No es que el
que recibe el Espíritu Santo ya no peque más. Pero sí buscará siempre esta
armonía con Dios, hacer la voluntad de Dios. Y cuando, por debilidad, cae en el
pecado, el Espíritu Santo lo ayuda a salir de ese pecado. Ya antes de caer le da
fuerza para vencer la tentación. Pero si cae, le anima luego a que busque
prontamente la amistad con Dios. No lo dejará tranquilo en su pecado. Lo temible
no es una persona que peca, lo temible es una persona que peca y sigue tan
tranquila en su pecado.
4. Instruye en la Verdad:
Como maestro y consejero en la vida espiritual, el Espíritu Santo da
instrucciones al corazón de quien está atento a su enseñanza. El conocimiento o
sabiduría que no puede encontrar en libros o en clases o conferencias, no se
puede comparar con las maravillosas verdades que el Espíritu Santo lleva a la
mente de quien tiene fe. En un mundo donde hay tantos profetas falsos que
proponen como verdades lo que son meros engaños y falsedades ¿dónde podremos
encontrar la verdad sin peligro de equivocaciones? Al leer la Santa Biblia, la
persona instruída por el Espíritu Santo empieza a tener la capacidad de
distinguir entre lo verdadero y lo falso. Es lo que hizo con los primeros
Apóstoles: tomar la verdad del Padre Celestial y pasarla a sus discípulos.
Cuando el Espíritu Santo vino a los apóstoles les hizo entender todas las
verdades que Jesús les había enseñado.
5. Consuela:
Cuando los apóstoles podían estar tristes por la desaparición del Redentor, el
Espíritu Santo vino a consolarlos. Y esto hace con nosotros. Hay momentos muy
difíciles cuando el hombre piensa que no puede soportar más un dolor, una pena,
una desgracia. Es entonces, cuando llega a nuestro lado el "Consolador" y nos
ayuda a comprender y aceptar el sufrimiento como parte del plan de Dios. Nos
recuerda que todo redunda en bien de los que aman a Dios y que Dios puede sacar
bien del mal.
6. Revela secretos:
Del futuro: Cuando Jesús reveló a los discípulos las persecusiones que en el
futuro iban a sufrir, esto los preparó a seguir adelante a pesar de todas las
dificultades que encontraban. De la misma manera el Espíritu Santo ilumina a las
personas las "grandes cosas que Dios tiene preparadas para los que lo aman"". Y
esto anima a seguir trabajando por el bien aun cuando en el presente no se vean
los resultados. Al anciano Simeón el Espíritu Santo le había revelado que no
moriría sin ver al Hijo de Dios, y esto lo animaba a ir todos los días al templo
hasta que logró su gran esperanza. A muchas personas les recuerda de manera tan
viva y atrayente la gloria que en la eternidad espera a los que aman a Dios y
observan sus mandamientos, que este solo recuerdo les lleva a abandonar el
pecado y dedicarse por completo a hacer obras buenas.
7. Nos llena de amor de Dios y del prójimo:
El Espíritu Santo, especialmente por medio de la lectura de la Santa Biblia, nos
entusiasma de tal manera por Dios, que nos lleva a enamorarnos totalmente de El.
Y nos recuerda frecuentemente que el prójimo representa a Cristo, y que todo lo
que hacemos a los demás, aunque sea a los más humildes lo hacemos a Jesucristo.
Este pensamiento hace que amemos a los demás y los llenemos de favores, aunque
no tengan cualidades que nos atraigan.
8. Reparte dones:
La Santa Biblia trae una descripción de los dones que reparte el Espíritu Santo.
Estos no son producto de la iniciativa o merecimiento del hombre, sino, dones
inmerecidos, dados por el amor de Dios al hombre. Son dados con el propósito de
que hagan provecho a todos. Cuando el creyente recibe un don del Espíritu Santo
tiene la responsabilidad de usarlo bien. Lo mejor es olvidarse de sí mismo y
poner los dones al servicio de los demás. "Hay diversidad de dones pero uno
mismo es el Espíritu Santo que los regala. A cada uno se le otorga la
manifestación del Espíritu para común utilidad: a unos les es dada por el
Espíritu la capacidad de hablar con sabiduría, a otros la capacidad de hablar
con ciencia, a otros una gran fe, a otros el don de curar por el mismo Espíritu,
a otros el de saber distinguir entre los espíritus verdaderos y los espíritus
falsos y a otros el poder de hacer milagros, el don de profetizar mensajes
divinos, el don de hablar en diferentes lenguas... todas estas cosas las obra el
único y mismo Espíritu que distribuye a cada uno según quiere (lCorintios 12).
9. ¿Cómo se conoce que el Espíritu Santo mora en una
persona?
Hay tres características que demuestran que el Espíritu Santo mora en una
persona: l. La señal más sobresaliente de que el Espíritu Santo vive en una
persona es que ama mucho a Dios y al prójimo. Dice la Santa Biblia: Dios ha
llenado nuestro corazón con su amor, por medio del Espíritu Santo que nos ha
dado. El que ama es de Dios. El que no ama no es de Dios. Dios es amor y el que
vive en el amor vive en Dios y Dios vive en él. El que tiene al Espíritu Santo
en su alma imita a Jesús que ama a su Padre Celestial sobre todas las cosas y
nos ama a nosotros como se ama a sí mismo. La segunda señal son ciertos frutos
que se manifiestan en su personalidad. Dice el Libro Santo: "Los frutos del
Espíritu Santo son: amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe,
mansedumbre, templanza. En la vida de la persona que está poseída por el
Espíritu Santo, se notan pronto todas estas cualidades. La tercera cualidad es
un cambio total de vida: Una Conversión. La persona que posee al Espíritu Santo
es una persona totalmente cambiada, transformada. Se conoce que su vida tiene un
rumbo: Dios, la eternidad. En sus palabras y en su modo de ser se trasluce que
su meta es algo superior a los deseos materiales, que sus deseos y anhelos no
son poseer riquezas, honres o placeres, sino ser amigo de Dios y hacer el bien a
los demás. Las cosas materiales y pasajeras que antes de convertirse le atraían
tanto, ahora ya no le interesan ni la mitad, pero por lo eterno, lo espiritual,
sí le emociona y le agrada. Se deleita en llevar a cabo las tareas diarias,
aunque sean rutinarias y cansinas, porque sabe que ellas son el camino para
llegar a la posesión de las realidades eternas. Su amor a Dios y al prójimo y su
dinamismo que le hace trabajar y desgastarse por su religión y sus hermanos se
transmite a otros y contagia de fervor y entusiasmo a los que lo rodean. Así por
su intermedio otros encuentran verdadero significado a sus vidas. Quiera Dios
que así sea.
10. Como narra la Santa Biblia la venida del Espíritu
Santo?
"Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en el mismo sitio y
de repente vino del cielo un gran ruido semejante a un viento fuerte, que llenó
toda la casa donde se encontraban. Y vieron aparecer lenguas como de fuego, que
se dividían y se posaban sobre cada uno de ellos. Todos fueron colmados del
Espíritu Santo y comenzaron a hablar en otros idiomas, según el Espíritu les
concedía expresarse. Había entonces en Jerusalén israelitas piadosos,
procedentes de todos los pueblos de la tierra. Al oír aquel ruido, se congregó
la multitud y quedó asombrada, pues cada uno les oía hablar en su propio idioma.
Atónitos y maravillados se preguntaban: Pero, ¿no son galileos estos que están
hablando? ¿cómo pues, cada uno de nosotros los oímos hablar en nuestra lengua
nativa? ¿qué podrá ser todo esto? Pero otros se burlaban diciendo: Han bebido
demasiado vino. Entonces Pedro se puso de pie con los once y habló en voz alta:
Hombre de Judea y habitantes todos de Jerusalén, comprended bien esto: prestad
atención a mis palabras. Estos hombres no están embriagados como suponéis, pues
apenas son las nueve de la mañana. Esto es lo que anunció el Profeta Joel: En
los últimos tiempos, dice Dios, derramaré mi Espíritu en los hombres,
profetizarán vuestros hijos e hijas."
11. ¿cuáles son los tres prodigios que el Espíritu
Santo obra en las personas?
El Papa San Gregorio, en nombre de la Iglesia Católica, enseña que el Espíritu
Santo obra en las almas de sus devotos tres grandes prodigios: l. En el
entendimiento. 2. En el corazón y 3. en la voluntad. Llega al cerebro y lo
convierte en luz. O sea, ilumina el entendimiento, nos llena de inteligencia
para comprender las cosas espirituales. Los Apóstoles eran gente ignorante y
cuando recibieron el Espíritu Santo se volvieron tan instruidos que la gente se
admiraba de oírlos hablar. Ellos no apreciaban el valor de lo que Jesús
enseñaba, pero cuando vino el Espíritu Santo, apreciaron los tesoros que había
en la enseñanza del Señor. Tenemos un criterio tan pequeño... y necesitamos una
luz del cielo que nos ilumine para conocer lo que conviene y lo que debemos
hacer. Miles de personas se quedan admiradas de las ideas preciosas que el
Espíritu Santo les regala. Y cada día habrá miles y miles de inteligencias
iluminadas con luces maravillosas de este Santo Espíritu, que no se cansa jamás
de ilustrar la inteligencia de los que lo invocan.
Llega al corazón y lo llena de amor verdadero. Los apóstoles eran duros de
corazón. Pedro orgulloso. Santiago y Juan buscaban los primeros puestos y pedían
fuego del cielo para los que no los trataban bien... pero después de recibir al
Espíritu Santo ya no piensan en su propio egoísmo sino en hacer el bien a los
demás. La característica de los que son asistidos por el Espíritu Santo es un
gran amor de Dios y de su prójimo en su corazón.
Llega a la voluntad y la vuelve muy fuerte. Los apóstoles eran cobardes, todos
huyeron la noche del Jueves Santo y uno lo negó tres veces. Pero después de
recibir el Espíritu Santo en Pentecostés, ya no tienen miedo a ninguna
persecución, y cuando los llevan ante el Senado para azotarlos van muy contentos
por tener el honor de sufrir por el nombre de Jesús.
Cuantos cristianos experimentan hoy día este admirable favor. Antes no eran
capaces de resistir a una tentación, ni podían abandonar un vicio o soportar sin
quejarse una pena o un fracaso. E hicieron la experiencia de llamar en su apoyo
al Espíritu Santo y su victoria no se hizo esperar; ahora miran su nueva vida y
exclaman: que grandes victorias obtiene el que cree en el poder de Dios! No
habrá época de la vida sin combate, pero si el Espíritu Santo está con nosotros,
nada podrá hacernos echar pie atrás en la lucha por conservarnos amigos de Dios
y buenos para con todos, sufriéndolo todo con paciencia pero tratando de no
hacer sufrir a los demás. A veces el Espíritu Santo hace una una "lucecita" suya
lo que nosotros no habíamos logrado con diez años de lucha (Santa Teresa).
12. Lo importante para San Pablo:
Lo primero que San Pablo pregunta a los de Efeso es, ¿Habéis recibido el
Espíritu Santo? Le parecía esto tan supremamente importante. Desafortunadamente
ellos, tuvieron que responderle: "Ni siquiera sabíamos que había Espíritu
Santo".
13. Un mandato para predicadores y catequistas:
El Papa León XIII decía: Los cristianos aunque a veces invocan al Espíritu
Santo, tienen un conocimiento muy pobre de El. Por eso los predicadores y
catequistas deben hablar más frecuentemente acerca del Divino Espíritu, con
palabras sencillas, pero tratando de entusiasmar a los fieles por esta gran
devoción.
14. Para los que desean comprender la Sagrada
Escritura:
Lees una página de la Biblia y de pronto una luz te hace comprender aquello que
allí se dice y sacar de ahí principios de vida y conversión. ¿de dónde proviene
eso? ¿de tu inteligencia? No. Es el don de Entendimiento que el Espíritu Santo
te regala. Cuando nosotros le hacemos a Dios esta petición: Señor ¿qué quieres
que haga? El Espíritu Santo nos responde con el Don de Consejo que nos libra de
obrar con precipitación y con presunción. Cuando consultamos a Dios en oración,
el Divino Espíritu nos guía para que se cumpla en nuestra vida lo que Jesús
afirmaba de sí mismo: "Hago siempre lo que agrada a mi Padre". En esto consiste
la verdadera prudencia.
15. Un Don que emociona:
El Espíritu Santo reparte a manos llenas el Don Piedad a todos los que se lo
piden con fe. Este Don era el que hacía que Santa Teresa llorara de emoción al
rezar el Padrenuestro y que San Francisco se quedara extasiado mirando al cielo
y exclamando: "El amor no es amado".
Oh Espíritu Santo danos el don de Piedad que nos lleve a amar a nuestro Dios y a
nuestro prójimo como a verdaderos cristianos.
16. Un párrafo famoso:
Hay una frase famosa del Papa San Gregorio: "Prodigioso el poder del Espíritu
Santo: El hace de un pastor un profeta (David), de un buscador de asnos un líder
(Saúl), de un jovencito un juez de ancianos (Daniel), de un pescador un
predicador y Jefe de la Iglesia, de un publicano, un evangelista y de un
perseguidor, el más grande apóstol de los gentiles".
17. Lo que decía un gran Orador:
San Juan Crisóstomo, el más célebre predicador de la antigüedad, tiene este
bello párrafo del Divino Paráclito: "Muchos dones nos ha enviado Jesucristo
desde el cielo, pero ninguno semejante al que nos envió el día de Pentecostés" Y
lo más consolador es que este don sigue siendo enviado cada día a la tierra.
Nosotros enviamos al cielo nuestra oración y nuestra fe y Jesucristo nos
responde enviándonos al Espíritu Santo y sus dones.
18. Si El no lo hace nadie lo logra:
San Gregorio Papa, afirmó lo siguiente: "La sola palabra humana no convence. Por
eso tienes que llamar en tu ayuda al Divino Paráclito siempre que te dediques a
hablar de religión. Y tú cristiano, recuerda con que cuidados purificas y
arreglas tu casa cuando va a venir un gran personaje. Y ya que recibes al
Espíritu Santo ¿por qué no purificas mejor tu alma? ¿por qué no la adornas mejor
con virtudes? ¿crees que a El le satisface morar en una habitación oscura y sin
arte alguno? "Vendremos a él y haremos en él nuestra morada" es una frase que se
ha hecho para tí. Pero no logrará tener morada permanente en tu alma si apenas
llega la tentación vuelves a caer y te deleitas más en lo material que en lo
espiritual".
19. Regalos que se pierden por no agradecerlos:
Es necesario agradecer frecuentemente al Espíritu Santo los dones que nos
regala. Muchos dones se pierden por no haberlos agradecido. Recordemos que entre
los regalos más preciosos del Divino Espíritu están la caridad, la bondad, la
amabilidad y la benignidad. "Cuánto adelantaríamos en santidad y en simpatía si
lo pidiéramos más al Espíritu Santo y si fuéramos más agradecidos con El cuando
nos lo proporciona. (Pablo VI,1976).
20. Las maravillosas respuestas de un Santo:
San Juan Bosco cuando tenía que dar una respuesta importante, se recogía un
momento y rezaba al Espíritu Santo, porque recordaba aquella frase de la
Biblia;: "Si alguno desea sabiduría pídala a Dios, que la da muy generosamente a
quienes la piden sin dudar" Y las respuestas que Don Bosco daba eran admirables.
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