Por: San Luís Maria
Grignion de Montfort Nombre original del
documento: A los amigos de la Cruz Resumido por:
Padre Jordi RiveroEl tratado de San
Luis María Grignion de Montfort sobre la
necesidad y la práctica de la cruz está lleno de
sabiduría divina, necesaria para la santidad y
sin embargo rechazada por casi todos. Aquí se
encuentra el secreto para ser verdaderos
discípulos de Jesucristo.
El santo escribió
una carta (1714) a la Asociación de los Amigos
de la Cruz que el fundó. Fue escrita al final de
un retiro donde meditaba la Pasión de Cristo
mientras estaba obligado por la Iglesia al
silencio. Su propósito era ayudarles a ver la
centralidad de la cruz y como vivirla.
Todas las
referencias son del Santo si no se advierte lo
contrario.
RAZÓN DE SER AMIGOS DE LA CRUZ:
Para ser
otro Cristo (Gal. 2, 20).
-Un hombre escogido por Dios.
-Entre mil personas que viven según los sentidos
y la sola razón, vive con la luz pura de la fe y
un amor vehemente a la cruz.
-Es un hombre que pasa por la tierra como
extranjero
-Combate en el mundo pero no huye de el.
Para estar
Unidos.
-Los amigos de la cruz son mas fuertes
que los ejércitos del mundo.
-Los demonios se unen para perderos; uníos para
derribarlos.
-Los avaros se unen para hacer negocio; únanse
ustedes para conquistar los tesoros de la cruz.
Para
triunfar sobre el demonio, el mundo y la carne.
-Con el amor a las humillaciones se
derriba el orgullo de Satanás.
-Con el amor a la pobreza, se triunfa sobre la
avaricia del mundo.
-Con el amor al dolor, se mortifica, la
sensualidad de la carne.
Reflexión:
1- ¿Tienes
verdadero deseo y voluntad de obrar así, con la
gracia de Dios, con el poder de la Cruz y de
Nuestra Señora de los Dolores?.
2- ¿Utilizas los medios necesarios para
conseguirlo?
3- ¿Has entrado en el verdadero camino de la
vida, que es el camino estrecho del Calvario o
vas, sin darte cuenta, cediendo al camino ancho
del mundo que conduce a la perdición?
4- ¿Sabes que existe un camino que al hombre le
parece recto y seguro pero en realidad lleva a
la muerte?.
5- ¿Sabes distinguir con certeza entre la voz de
Jesús y su gracia y la del mundo y de la
naturaleza? -"El que me sigue a mi no andará en
tinieblas" (Jn. 8,12) "!Animo yo he vencido al
mundo!" (Jn. 16,33)
LOS
DOS BANDOS
1. El de Jesucristo 2. El del mundo y del
demonio.
El bando de
Jesucristo:
La corrupción del mundo se opone a este camino y
lo hace estrecho. Pero Jesús va delante,
descalzo, coronado de espinas, el cuerpo
ensangrentado y cargando una pesada cruz.
El número de los elegidos es menor de lo que se
piensa (Mt. 20,16; Lc. 13,23-24). Solo los
esforzados y los violentos arrebatan el cielo (Mt.11,12).
Solo le sigue un pequeño rebano (Lc. 12,32)
porque su voz no se le puede oír en medio del
tumulto del mundo o porque se carece del valor
necesario para seguirlo en la pobreza, los
dolores, las humillaciones y demás cruces que es
preciso llevar para servir al Señor todos los
días.
"El que no tiene el Espíritu de Cristo- que es
espíritu de cruz- no es de Cristo"(ver: Rom.
8,9).
"Los que son del Mesías han crucificado sus
bajos instintos con sus pasiones y deseos" (Gal.
5,24).
"O somos imagen viviente de Jesucristo o nos
condenamos".
"Un criado no es mas que su amo" (Jn. 3,16).
El
bando del mundo y del demonio:
Lo mas selecto del mundo corre tras el. Las
multitudes van por el camino ancho atraídas por
la apariencia espléndida y brillante. Buscan lo
mas fácil y placentero.
Para mantenerse en su engaño se dicen: "Dios es
bueno y no nos creo para condenarnos. Dios no
prohíbe las diversiones. No nos condenaremos por
eso. !Fuera escrúpulos!. "No moriréis.."(Gen.
3,4).
Casi todos abandonan a Jesús en el camino de la
cruz. Los del mundo ven la cruz como locura, los
judíos se escandalizan de ella (1 Cor. 1,23), y
nosotros sus hijos, vivificados por su Espíritu,
también nos hacemos enemigos de la cruz (Flp.
3,18). "¿También ustedes quieren marcharse?" (Jn.
6,67).
Este siglo desprecia la pobreza de mi cruz para
correr tras las riquezas; esquiva los dolores de
mi cruz para buscar los placeres; odia las
humillaciones de mi cruz para codiciar los
honores. ¿Quieren conformarse a este siglo? (Rom.
12,2).
Tengo aparentemente muchos amigos que aseguran
amarme, pero en el fondo me aborrecen, porque no
aman mi cruz. "Tengo muchos amigos de mi mesa y
muy pocos amigos de mi cruz"
No nos dejemos arrastrar por los sentidos -como
Eva.
Miremos al autor y consumador de nuestra fe (Hebr.
12,2), Jesucristo crucificado. Huyamos de la
corrupción del mundo.
MANDAMIENTO DE JESÚS PARA LA PERFECCIÓN
CRISTIANA
"El que quiera venirse conmigo, que reniegue de
si mismo, que cargue con su cruz, y me siga" (Mt.16,24;
Lc 9,23)
La perfección
cristiana consiste en:
1-En querer ser santo: "El que quiera
venirse conmigo",
2-En abnegarse: "que reniegue de si
mismo",
3-En padecer: "que cargue con su cruz"
4-En obrar: "y me siga"
1-
En querer ser santo: "El que quiera
venirse conmigo":
"El que quiera". No dice "los que quieran", para
indicar que son muy pocos los que buscan llevar
la cruz. Por lo tanto es muy reducido el numero
de los que se salva. (Las Escrituras y los
santos, ej. S.Basilio, S. Efrén, S. Simón el
Estilita, S.Teresa de Ávila, S. Agustín, Sto.
Tomas Aquino concuerdan en esto)
El conocimiento práctico del misterio de la cruz
se comunica a pocos.
"A vosotros se os ha dado a conocer los
misterios del Reino de los Cielos, pero a ellos
no" (Mt.13,11). Para recibirlo hay que estar
decidido a entregar su vida, renunciar al mundo
y ser amigo de Dios. "Resuelto a sacrificarlo
todo, emprenderlo y padecerlo todo por
Jesucristo"
Hace falta voluntad.
"El que quiera". O sea, el que tenga voluntad
sincera, firme, resuelta. No por instinto
natural, rutina, egoísmo o respeto humano, sino
por la gracia del Espíritu Santo.
Sepan que aquellos que no tienen tal
determinación andan solo con un solo pie. La
cruz se debe amar con corazón generoso y de
buena gana.
"Una voluntad a medias -lo mismo que una oveja
sarnosa-basta para contagiar todo el rebano. Si
una de estas hubiera entrado en el redil por la
falsa puerta de lo mundano, echadla fuera en
nombre de Jesucristo, como al lobo de entre las
ovejas" (ver: Mat. 7,15; Jn.10,1)
Jesús, "En vez del gozo que se le ofrecía,
soportó la cruz" (Hebr. 12,2).
2-En abnegarse:
"que reniegue de si mismo",
El que quiera seguirme, a imitación mía, debe
gloriarse solo en la pobreza, las humillaciones,
y padecimientos de mi cruz: "que reniegue a si
mismo". Mi amor en el le hará desear tanto
seguirme que pondrá todo su corazón en el Reino
sin contar el costo.
"Fuera de entre ustedes los engreídos por sus
propias luces y talentos, los charlatanes que
aman mucho el ruido, los devotos orgullosos que,
como Lucifer, dicen "No soy como los demás" (Lc.
18,11), los que no pueden soportar que los
censuren, sin excusarse; que los ataquen, sin
defenderse; que los humillen, sin ensalzarse."
"No admitan entre ustedes a personas delicadas
que rehuyen la menor molestia, que gritan y se
quejan ante el mas leve dolor."
3-En padecer: "que
cargue con su cruz"
La cruz son las humillaciones, menosprecios,
dolores, enfermedades, pobreza, tentaciones,
sequedades, abandonos, penalidades espirituales
y todo tipo de circunstancias duras.
Dios no se place en los sufrimientos de nadie.
Pero Dios saca de el las mas grandes victorias
contra el enemigo si sus hijos llevan el
sufrimiento con amor y confianza en Dios. La
cruz nos purifica de tantos apegos a la carne y
al mundo y nos ayuda a buscar primero el Reino
de Dios.
Dios sabe y tiene bajo su providencia cada cruz
que tengamos que llevar de manera que ninguna
vendrá sin que el nos de la gracia necesaria si
se la pedimos. El sabe la cruz que nos conviene
y aunque desgarre su corazón amoroso permite que
la llevemos para nuestro bien.
"Que cada uno cargue su propia cruz con
entusiasmo y valentía. La cruz que mi Sabiduría
le fabrico con numero, peso y medida..como fruto
del amor infinito que le tengo".
"Que cargue": Que no la arrastre, ni la rechace,
ni la recorte, ni la oculte. En otras palabras,
que la lleve con la mano en alto, sin
impaciencia ni repugnancia, sin quejas ni
criticas voluntarias, sin medias tintas ni
componendas".
"Que la plante en su corazón por amor, para
transformarla en zarza ardiente, que día y noche
se abrase en el puro amor de Dios, sin que
llegue a consumirse...puesto que nada hay tan
necesario, tan útil, tan dulce ni tan glorioso
como padecer algo por Jesucristo".
S. Pablo: "Lo que es a mi, Dios me libre de
gloriarme mas que de la cruz de nuestro Señor
Jesucristo" (Gal. 6,14).
Nada tan necesario
como cargar la cruz.
La cruz es necesaria para nosotros pecadores:
Las cruces de esta vida nos ayudan a unirnos a
Cristo y no caer en el castigo del infierno que
todos merecemos.
No pensemos que estamos seguros de no ir al
infierno. Muchos creyéndose buenos estaban
seguros de ellos mismos, se han permitido
descuidos y quedaron condenados.
¿Pensamos esto cuando sufrimos alguna pena?.
Estaríamos contentos de sufrir ahora si tan solo
pensáramos en el purgatorio que es un padecer
horrible. Muchos van allí por haberse conformado
con confesiones a la ligera. Vale la pena
padecer ahora y arrancar del demonio el libro de
la muerte (Col. 2,14) en el que lleva anotados
todos nuestros pecados y el castigo que merecen.
En la otra vida todo se paga hasta el último
centavo (Mt. 5,26), hasta la última palabra
ociosa (Mt. 12,36). Ese mal pensamiento, esa
palabra que se llevó el viento, serán castigados
con espantosos tormentos (Heb. 10,31).
No es que a Dios le falte misericordia. Mas bien
hay que entender que la misericordia no se
consigue sin abrirnos a la cruz. Jesús nos dice:
"podéis beber el cáliz? (Mt. 20,22).
Excelente cosa es desear la gloria de Dios. Pero
desearla y pedirla sin decidirse a padecerlo
todo es una locura y una petición extravagante:
"no saben lo que piden" (ibid) En realidad para
ser amigos de Dios y para entrar en el Reino
"Tenemos que pasar mucho" (Hechos 14,22).
La
cruz es necesaria para los hijos de Dios.
Con razón nos gloriamos de ser hijos de Dios,
pero también debemos gloriarnos de sufrir con
El.
"Han echado en olvido la exhortación que como a
hijos se os dirige: Hijo mío, no menosprecies la
corrección del Señor; ni te desanimes al ser
reprendido por él. Pues a quien ama el Señor, le
corrige; y azota a todos los hijos que acoge.
Sufrís para corrección vuestra. Como hijos os
trata Dios, y ¿qué hijo hay a quien su padre no
corrige? Pero si quedan sin corrección, cosa que
todos reciben, señal de que son ustedes
bastardos y no hijos. Además teníamos a nuestros
padres según la carne, que nos corregían, y les
respetábamos. ¿No nos someteremos mejor al Padre
de los espíritus para vivir? ¡Eso que ellos nos
corregían según sus luces y para poco tiempo!;
mas el, para provecho nuestro, en orden a
hacernos partícipes de su santidad. Cierto que
ninguna corrección es de momento agradable, sino
penosa; pero luego produce fruto apacible de
justicia a los ejercitados en ella". (Hebr.
12,5-11)
La cruz es necesaria
para los discípulos de un Cristo crucificado
"Mientras los judíos piden señales y los griegos
buscan sabiduría, nosotros predicamos a un
Cristo crucificado: escándalo para los judíos y
necedad para los gentiles; mas para los
llamados, lo mismo judíos que griegos, un
Cristo, fuerza de Dios y sabiduría de Dios". (1
Cor. 1,22-24).
Jesucristo es el único maestro que predica la
cruz. Aquel de ustedes que sepa llevar mejor su
cruz -aunque, por otra parte, sea un analfabeto-
es mas sabio en Jesucristo que todos los demás.
Alégrate pues si eres de poca sabiduría según el
mundo; si sabes sufrir con alegría, sabes mas
que los que tienen doctorados de las grandes
universidades pero no saben sufrir tan bien como
tu.(Mat. 11,25)
San Pablo, al bajar del tercer cielo -donde
aprendió misterios escondidos a los mismos
ángeles-, exclama que no quiere saber nada fuera
de Jesucristo crucificado. (1 Cor. 2,2)
La cruz es necesaria
para los miembros de Jesucristo.
Somos miembros de Jesucristo, somos su cuerpo.
¡Que honor! ¡Pero qué necesidad tan imperiosa de
padecer implica serlo!
¿Si la Cabeza está coronada de espinas (Mt.
27,29), estarán los miembros coronados de
rosas?.
¿Si la Cabeza es escarnecida camino al calvario
(Mc.14,65), querrán los miembros vivir
perfumados?.
¿Si la Cabeza no tiene donde reclinarse (Mt.
8,20), descansaran los miembros entre plumas?.
!Eso sería una monstruosidad!. No se hagan
ilusiones.
Esos cristianos que veis por todas partes
trajeados a la moda, en extremo delicados... no
son los verdaderos discípulos de Jesús
crucificado. ¡Cuántas caricaturas de cristianos
que... mientras hacen con la mano la señal de la
cruz, son sus enemigos en el corazón!.
Si Cristo es nuestra cabeza, aceptemos como El
la cruz por amor. Pues es necesario que el
discípulo sea tratado como el Maestro, los
miembros como la cabeza. Y, si el cielo nos
ofrece -como a Santa Catalina de Siena- una
corona de espinas y otra de rosas, escojamos la
de espinas y hundámosla en nuestra cabeza para
asemejarnos mas a Jesucristo.
Ver la cruz
sabiendo que somos piedras vivas.
Somos piedras vivas del templo. Nos disponemos a
ser labrados con el martillo de la cruz para no
quedar como piedras toscas, que no sirven. No
resistir al Señor que como arquitecto amoroso da
golpes de martillo para convertirnos en bellas
piedras para su edificio.
Hay que sufrir como
los santos.
Jesús crucificado y María a sus pies, su corazón
traspasado por una espada. Esta es la cruz. Si
aceptamos la apreciación popular de lo que es
ser cristiano no seguiremos a Jesús.
Veamos mas bien a los santos. Ellos siguieron el
ejemplo de Jesús con heroica fidelidad sin
compararse al mundo ni conformarse con la
mediocridad espiritual.
Debemos conocer y reflexionar a menudo sobre sus
vidas para ver la grandeza del amor a que se nos
invita.
Estamos unidos a los santos (la comunión de los
santos) en torno a Cristo. Ellos son "una
inmensa nube de testigos" (Heb. 12,1).
¿Podemos entonces eximirnos de imitarlos en su
amor a la cruz?
Si no sufrimos como santos lo haremos como
malditos. No es posible, al final evitar el
sufrimiento. Si no sufrimos en el Señor,
entonces será sin el consuelo de la gracia, sin
la ayuda de Jesús, además tendremos el peso del
demonio: la impaciencia, la murmuración y al
final el infierno.
Nada tan dulce como
la cruz.
Tenemos una fuerte tendencia de conformarnos con
`no hacer nada malo' y no disponernos a sufrir
por amor a Jesús.
Todos los cristianos creemos en la cruz pero
perdemos conciencia de su realidad. Se va
quedando en teoría. El mundo nos va haciendo
minimizar su actualidad porque la ley del mundo
es: evitar el sufrimiento a todo costo.
Nada se puede esperar de cristianos así. Son
tierra que no produce.
Si sufrimos por amor a Dios, la cruz se hará mas
y mas suave porque la carne tendrá menos dominio
sobre nosotros. "La cruz abrazada es la menos
pesada" -Sta. Teresa de Ávila.
Nada tan glorioso.
Los santos gozaban en el Espíritu en medio de
los tormentos. La alegría de la cruz es mayor
que la de prisioneros liberados de la cárcel.
Debemos estar alegres en las pruebas, saltar de
gozo en la persecución no porque nos guste en la
carne sino porque el mismo Dios viene a
nosotros. Por eso decía Santa Teresa de Ávila:
"O padecer o morir".
El mundo llama a la cruz `locura, infamia,
necedad' porque están ciegos y la juzgan
humanamente. Pero para nosotros la cruz es la
gloria (1 Cor. 1,1-2). San Pedro y Pablo son mas
gloriosos por sus calabozos que por haber sido
arrebatados en éxtasis.
4-En obrar: "y me
siga"
REGLAS PARA LLEVAR LA CRUZ
1) No buscarse
cruces.
No hay que inventarse cruces ni hacer el mal
para sacar un bien. Si buscamos amar a Dios y al
prójimo no faltaran cruces autenticas.
Mucho menos buscar cruces para los demás. Solo
el maligno hace eso.
"¿Por qué, pues, ahora tentáis a Dios queriendo
poner sobre el cuello de los discípulos un yugo
que ni nuestros padres ni nosotros pudimos
sobrellevar? Nosotros creemos mas bien que nos
salvamos por la gracia"(Hechos 15,10)
2) Tener en cuenta
el bien del prójimo.
Si lo que vas a hacer pudiera escandalizar al
prójimo, aunque sin motivo, abstente de hacerlo
por caridad para evitar el escándalo de los
débiles.
Pero, si el bien que vas a hacer es algo bueno
que crees que Dios quiere, es recomendable sigas
tu conciencia aunque algún espíritu
malintencionado se escandalice sin motivo. (Mt.
15,14)
3) No pretender
sufrir como los grandes santos.
Algunos santos pidieron cruces mediante
actuaciones ridículas. Admirémoslos pues es por
actuación especial del Espíritu pero no
pretendamos volar tan alto. "Comparados con
estas águilas nosotros somos como gallinas
mojadas".
Primero tenemos mucho que andar llevando las
cruces de nuestra vocación.
4) Pedir a Dios la
sabiduría de la cruz.
Debemos pedir la sabiduría de la cruz que
permite contemplar, a la luz de la fe, los
misterios de la cruz. O sea, poder desear y amar
la cruz porque vemos que el amor vale la pena.
Esta sabiduría se alcanza con la experiencia de
la cruz y la ferviente oración. Hay que pedirla
insistentemente, sin titubeos y entonces siempre
se alcanza.
5) Humillarse por
las propias faltas, pero sin turbación.
Cuando por ignorancia o por cualquier culpa
cometemos alguna torpeza que nos cause una cruz,
nos debemos humillar inmediatamente dentro de
nosotros mismos ante la mano poderosa de Dios
pidiéndole perdón y aceptando lo que venga.
Dios nos humilla para purificarnos. Estamos muy
corrompidos por el pecado de Adán y por nuestros
pecados. Cuando descubrimos algún don de Dios
muy pronto lo ensuciamos con orgullo o ideas
humanas. Por eso Dios nos permite tener
incertidumbres, tentaciones, tinieblas, para
llevarnos a la humildad y la santidad.
A
menudo Dios permite que sus mejores servidores
cometan faltas de las mas humillantes para
empequeñecerlos a sus propios ojos y delante de
los hombres, para quitarles el orgullo que
tienen por las gracias recibidas, de modo que
ningún mortal puede enorgullecerse ante Dios. (1
Cor. 1,29).
6) No basta sufrir.
Hay muchos que sufren y hasta entregan la vida
por ideales malos. El demonio y el mundo tienen
sus mártires. Hay que sufrir por amor a
Jesucristo, por obediencia, como El.
7) Evitar los
engaños del orgullo.
Mucho cuidado de no creer -como los devotos
orgullosos- que vuestras cruces son grandes, que
son prueba de que estáis ya muy avanzados y Dios
os esta llevando a la purificación mas perfecta.
"Este engaño es sutil e ingenioso pero lleno de
veneno".
Piensa mas bien que:
a) Tu orgullo y delicadeza te lleva a considerar
como vigas las pajas, como llagas las picaduras;
una palabrita como una injuria atroz y un cruel
abandono.
b) Que las cruces que Dios os manda son castigos
amorosos por tus pecados.
c) Que por mas cruces y humillaciones que Dios
te envíe, te perdona infinitamente mas. Lo has
ofendido y merecías el infierno pero El te
salvó.
d) Que hay mucho del ego mezclado con tu
paciencia. Fíjate en tus miramientos, tus
veladas búsquedas de consuelos con los amigos,
esas disculpas rebuscadas, esas quejas tan bien
formuladas contra quienes te han hecho daño, ese
revolver deleitosamente los propios males, esa
creencia luciferina de que eres de gran valía
(Hechos 8,9). Estas son las actitudes de la
carne aún en los sufrimientos.
8) Aprovecha los
sufrimientos pequeños.
Dios no mira tanto lo que se sufre sino como se
sufre. Sufrir mucho, pero mal, es sufrir como
condenados; sufrir mucho y con valor, pero por
una mala causa, es sufrir como mártires del
demonio; sufrir poco o mucho por Dios, es sufrir
como santos.
Llevar alegremente las cruces pequeñas y sin
brillo, como el mercader que saca provecho de
todo: Las pequeñas molestias del vecino, una
pequeña injuria, la perdida de algún dinero, un
pequeño malestar, etc.. Por todo di: "Gracias a
Dios".
9) Ama la cruz con
amor sobrenatural.
La naturaleza humana rechaza y se rebela ante el
sufrimiento, la enfermedad y la muerte. Los
sentidos, que son la parte inferior del ser,
gimen y buscan alivio. Esto es normal.
Cuando se habla de amar la cruz, no se trata de
un amor sensible. Jesús no amo la cruz con la
voluntad de la carne. "Padre, no se haga mi
voluntad sino la tuya"(Lc. 22,42). La cruz se
ama con un amor espiritual, aun sin sentir
alegría en los sentidos, generalmente sin
percibir gozo en el alma. Amamos la cruz
mediante la luz de la fe desnuda.
10) Sufrir toda
clase de cruces sin excepción ni selección.
La meta suprema de la gloria divina y la
felicidad verdadera es el abandono total. Así
decía S. Francisco que la felicidad perfecta
esta en poder seguir amando aun cuando
humanamente esta todo perdido y nos han
abandonado.
11) Para
acostumbrarnos a sufrir como se debe,
acostúmbrate a considerar cuatro cosas.
a) La mirada de Dios: Dios mira al hombre que
lucha por El, contra la fortuna, el mundo, el
infierno y contra si mismo, al hombre que lleva
la cruz con alegría. Dios lo mira como un Padre
orgulloso. El Señor a Satanás: ¿te has fijado en
mi siervo Job, que sufre por mi? (Job 2,3).
b) La mano de Dios: El Señor permite todo el
mal que nos sobreviene. La misma mano que domina
los astros hace caer el cabello de tu cabeza (Lc.
21,18).
No es el autor de la malicia pero permitió la
acción. Los agresores están siendo usados por
Dios, no irritemos la justicia usurpando los
derechos de la venganza. Reconoce que lo tienes
merecido. ¡No hieras! ¡No hables!.
Con una mano todopoderosa e infinitamente
prudente, Dios os sostiene, mientras os corrige
con la otra. Humilla y enaltece. No permite que
seas tentado y afligido por encima de tus
fuerzas;
c) Las llagas y los dolores de Jesús.
El Espíritu Santo nos ordena a contemplar las
llagas y los dolores de Jesús (Gal. 3,1) y a
armarnos con esos pensamientos (1 Pe. 4,1).
Mira al inocente y ve de que te quejas siendo tu
culpable. Mira tus problemas la incomprensión,
la injusticia, el dolor, la pobreza, y otras
cruces) ante la cruz. ¿Son comparables?. En El
encuentras la victoria sobre cualquier
adversidad.
d) Piensa en el cielo y el infierno.
Lo que nos aguarda en cada lugar esta mas allá
de nuestra comprensión pero, si meditamos,
tendremos la suficiente claridad para desear el
cielo. El cielo da animo a los santos y mártires
en sus trabajos y tormentos.
Miremos a los ángeles que nos animan diciendo:
"Cuidado con perder la corona destinada a
recompensar la cruz que os ha tocado"
Miremos al infierno donde iremos junto a todos
los malvados si nuestro padecer -como el suyo-
va acompañado de murmuraciones, despechos y
venganzas.
Exclamemos con S.Agustín: "Quema, Señor; corta,
poda, divide en esta vida en castigo de mis
pecados, con tal que me perdones en la
eternidad".
12) No quejarse mas
de las criaturas.
Hay tres clases de queja:
a) La queja involuntaria es cuando el cuerpo
gime. Si el alma en su parte superior esta
sometida a la voluntad de Dios, no hay pecado.
b) La queja razonable: nos quejamos ante los que
pueden remediar el mal: al superior, al
medico... Esta queja puede constituir una
imperfección si es demasiado intempestiva, pero
no es pecado.
c) La queja criminal: cuando nos quejamos al
prójimo del mal que nos inflige para vengarnos o
desahogarnos añadiéndole impaciencia y
murmuración. Aquí hay pecado.
13) Recibir la cruz
con gratitud.
No recibas nunca la cruz sin besarla
humildemente con agradecimiento.
14) Carga con
cruces voluntarias.
Estar atento a oportunidades de amar que se nos
escapan por miedo a la cruz.
Por ejemplo: ¿Tienes algo que en verdad otros
lo necesitan mas que tu aunque le tienes mucho
cariño? Dáselo a los pobres. ¿Quisieras tener
cosas superfluas cuando Jesús es tan pobre?.
¿Tienes rechazo por alguna persona? Sírvele con
humildad. ¿Tienes exagerada afección a una
persona? Sepárate un poco. ¿Tienes prisa
natural por ver, actuar, aparecer en publico, ir
a tal sitio?. Detente, calla, ocúltate.
Quien sea fiel en lo poco, aun en las pequeñas
cruces, el Señor, -como lo tiene prometido- os
pondrá al frente de lo mucho (Mt. 25,21-23)
** Se agradece al
Padre Jordi Rivero por resumir el documento
original de San Luís Maria Grignion y publicar
su resumen. Se agradece tambien a los Siervos de
los Corazones de Jesús y María, por compartir el
texto y poder llegar a más personas a través del
Internet.
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