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San Nicolás de Bari (29X - 344) Fiesta: 6 de
Diciembre
Vio la primera luz, hacia el noveno decenio del
siglo III, en la ciudad de Patara, de la Licia,
la pequeña Suiza del Asia Menor. Fue obispo de
Mira, la metrópoli de su provincia natal.
Asistió al primer Concilio ecuménico, el de
Nicea, del año 325. Falleció hacia el 344. En el
siglo XI, unos mercaderes italianos sustrajeron
de Mira su cuerpo, para salvarlo de la
profanación sarracena, y lo transportaron a
Bari, donde es venerado. - Fiesta: 6 de
diciembre. Misa propia.
He aquí la figura de un gran obispo, cuya
historia -hermosa en sí misma- se entrevera con
abundancia de leyendas. Varón de glorioso
renombre en Oriente y en Occidente, ha sido
ensalzado, a través de dieciséis siglos, por
oradores, poetas y artistas.
Los padres de Nicolás eran nobles, y ejemplares
cristianos. Le procuraron sólida educación moral
e intelectual. Se encargó de su integral
formación el propio obispo de Pitara.
Muy joven nuestro Santo quedó huérfano y dueño
de una inmensa fortuna, que en sus manos fue un
medio "para hacerse amigos en el Cielo". "Vende
tus bienes -insinuó el Salvador al joven rico-,
repártelos a los pobres". Así lo hizo Nicolás.
¿Precisará recordar el drama de las tres jóvenes
hermanas dotadas para el matrimonio? Eran hijas
de un hombre desgraciado que, habiendo perdido
todos sus recursos, concibió el abominable plan
de venderlas, es decir, de poner a precio su
inocencia. La idea llegó a conocimiento de
Nicolás, el cual, en una noche sin luna,
deslizóse hasta la ventana mal cerrada del
tugurio donde vivía la miserable familia. Con
presteza echó dentro de la estancia una bolsa
llena de oro y se evadió inmediatamente.
Sorpresa del padre, al darse cuenta de la bolsa
a la mañana siguiente. "He aquí un dote bajado
del cielo, he aquí a una de las hijas fuera ya
de peligro". Dos veces más el joven repitió la
operación. Pero a la tercera, el padre estaba al
acecho y le cortó la retirada: "Pero ¿quién sois
vos?" "Os ruego que me guardéis el secreto; no
me traicionéis". "¡Vaya si os voy a descubrir!
Porque, de otra suerte, se me acusará de haber
robado las dotes de mis hijas".
¿No fue para evitar honores y ensalzamientos que
Nicolás emprendió secretamente la fuga a Mira?
Acaba de fallecer el obispo de Mira en el
momento en que el virtuoso fugitivo de Pitara
llegaba a la ciudad de incógnito. Como sentía
tan honda inclinación al rezo y al templo, que
era su placer pasarse en él largas horas,
dirigióse de madrugada al que llamaríamos ahora
la iglesia catedral. Creyó estar solo allí. Pero
antes había entrado ya el decano de los obispos
que habían venido a reunirse en Mira para
designar -según legítima costumbre de la época-
al sucesor del prelado difunto. Y he aquí que,
acercándose él al rico joven, le preguntó si era
Nicolás de la vecina ciudad de Patara. Y
habiéndole contestado afirmativamente, le dijo
el decano: "Esta noche misma, en un sueño con
que Dios ha querido favorecerme, os ha señalado
Él como futuro obispo a quien debemos elegir".
Fue inútil toda resistencia. Poco después el
pueblo invadía la iglesia y aclamaba como obispo
al que le era presentado por los prelados.
De este modo fue sumergido Nicolás en un
episcopado que iba a ser repleto de
tribulaciones, pruebas, luchas y prodigios. La
primera grande aflicción, la del
encarcelamiento. No se había extinguido el
incendio de las persecuciones. Otorgada por
Constantino a la Iglesia la plena libertad, en
el edicto de Milán, del año 313, Licinio, que lo
había suscrito con él, no lo respetó lealmente y
siguió cebándose con crueldad en los cristianos,
en su demarcación gubernativa del Oriente. Fue
seguramente en este período cuando el prelado
sufrió su cárcel, bajo cualquier pretexto. Sólo
el triunfo de Constantino sobre Licinio, por las
armas, conquistó la paz completa a los creyentes
de aquellas regiones. Y esto casi diez años
después del edicto famoso.
Un obispo era en aquella época el Padre nutricio
de su pueblo. Solía administrar vastos cultivos
e instituciones en orden al mantenimiento de la
población y, en caso de crisis, era el llamado
por excelencia a preocuparse de las soluciones.
En virtud de la legislación imperial, el obispo
podía conocer todos los litigios, no tan sólo
entre cristianos, sino también entre gentiles
por una especie de procedimiento de arbitraje o
juicio de paz. Era, pues, el defensor de la
justicia. Por la fuerza de este tributo, fueron
varias las ocasiones en que Nicolás pudo salvar
las vidas de inocentes. Advertido, por ejemplo,
un día, misteriosamente, le fue posible penetrar
en la prisión en el preciso momento en que la
espada del verdugo iba a cortar la cabeza de
tres jóvenes condenados a muerte contra toda
razón. Tal vez, o casi seguramente, el caso dio
origen a la leyenda de los tres niños
destrozados, metidos en una cuba y resucitados
por el Santo. Según la técnica de la Edad Media,
es obvio que los tres prisioneros fuesen
representados por niños metidos en un recipiente
y dominados por la esbelta figura del
taumaturgo.
Pero todas esas actividades, tan paternales, no
significaban más que lo accesorio en las
funciones del gran Obispo. Ante todo, hay que
ponderar la nutrición de las almas que le habían
sido confiadas. Como Hilario, como Agustín, como
Martín y tantos otros famosos pastores, Nicolás
sostuvo el buen combate de la fe cristiana.
Su fallecimiento no privó al mundo de sus
milagros. Entre otros, son muy conocidos dos, de
la Edad Media. San Nicolás salvó al Rey Luis de
Francia y a su familia en una tormenta terrible
que les estaba hundiendo al regreso de la
séptima cruzada. El caballero de la Lorena Conon
de Réchicourt, prisionero de los sarracenos, le
invocó en la víspera de su suplicio, y fue
prodigiosamente transportado a la iglesia de San
Nicolás en su región, en cuyo atrio cayeron de
su cuerpo todas las cadenas...
Su nombre significa
"Protector y defensor de pueblos".
Este santo fue tan popular en la antigüedad, que
se le han consagrado en el mundo más de dos mil
templos. Era invocado en los peligros, en los
naufragios, en los incendios y cuando la
situación económica se ponía difícil, y la gente
conseguía por su intercesión favores admirables.
Por haber sido tan amigo de la niñez, en su
fiesta se reparten dulces y regalos a los niños,
y prácticamente con esta fecha se empezaban las
festividades de diciembre. Como en alemán se
llama "San Nikolaus", lo empezaron a llamar
Santa Claus, y lo pintan como un anciano vestido
de rojo, con una barba muy blanca, que pasaba de
casa en casa repartiendo regalos y dulces a los
niños (entre nosotros lo llamaron Papá Noel).
De San Nicolás escribieron muy hermosamente San
Juan Crisóstomo y otros grandes santos. Su
biografía la escribió San Metodio, Arzobispo de
Constantinopla, y de ella sacamos los siguientes
datos curiosos.
Nació en Licia, Turquía, de padres muy ricos.
Desde niño se caracterizó porque todo lo que
conseguía lo repartía entre los pobres. Decía a
sus padres: "sería un pecado no repartir mucho,
siendo que Dios nos ha dado tanto".
Tenía un tío que era obispo y este lo consagró
como sacerdote. Al morir sus padres atendiendo a
los enfermos en una epidemia, él quedó heredero
de una inmensa fortuna. Entonces repartió sus
riquezas entre los pobres y se fue de monje a un
monasterio. Después quiso visitar la Tierra
Santa donde vivió y murió Jesús, y al volver de
allá llegó a la ciudad de Mira (en Turquía)
donde los obispos y sacerdotes estaban en el
templo discutiendo a quién deberían elegir como
nuevo obispo de la ciudad, porque el anterior se
había muerto. Al fin dijeron: "elegiremos al
próximo sacerdote que entre al templo". Y en ese
momento sin saber esto, entró Nicolás y por
aclamación de todos fue elegido obispo. Por eso
se le llama San Nicolás de Mira.
La especialidad de este santo fueron los
milagros tan numerosos que logró conseguir de
Dios. Lo pintaban con unos niños, porque los
antiguos contaban que un criminal hirió a
cuchillo a varios niñitos, y el santo al rezar
por ellos obtuvo su curación instantánea.
También pintan junto a él a una señorita, porque
en su ciudad había un anciano muy pobre con tres
hijas y no lograba que se casaran por ser en tan
extremo pobres. Entonces el santo por tres días
seguidos, cada noche le echó por la ventana una
bolsa con monedas de oro, y así el anciano logró
casar a sus hijas muy bien.
Es Patrono de los marineros, porque estando unos
marineros en medio de una terribilísima
tempestad en alta mar, empezaron a decir: "Oh
Dios, por las oraciones de nuestro buen Obispo
Nicolás, sálvanos". Y en ese momento vieron
aparecer sobre el barco a San Nicolás, el cual
bendijo al mar, que se calmó, y en seguida
desapareció.
Otro día iban a condenar injustamente a tres
amigos suyos que estaban muy lejos. Ellos
rezaron pidiendo a Dios que por la intercesión
de Nicolás su obispo los protegiera. Y esa noche
en sueños el santo se apareció al juez y le dijo
que no podía condenar a esos tres inocentes. Y
fueron absueltos.
El emperador Licino decretó una persecución
contra los cristianos y Nicolás fue encarcelado
y azotado, pero siguió aprovechando toda ocasión
que se le presentaba, para enseñar la religión a
cuantos trataban con él. Más tarde llegó el
emperador Constantino y lo liberó a él junto con
todos los demás prisioneros cristianos.
Luego apareció la herejía de Arrio que decía que
Jesucristo no es Dios. San Nicolás se opuso con
toda su sabiduría y con su gran ascendiente y no
permitió que los arrianos entraran a su ciudad
de Mira.
Dicen que el santo murió el 6 de diciembre del
año 345.
En oriente lo llaman Nicolás de Mira, por la
ciudad donde estuvo de obispo, pero en occidente
se le llama Nicolás de Bari, porque cuando los
mahometanos invadieron a Turquía, un grupo de
católicos sacó de allí en secreto las reliquias
del santo y se las llevó a la ciudad de Bari, en
Italia. En esa ciudad se obtuvieron tan
admirables milagros al rezarle a este gran
santo, que su culto llegó a ser sumamente
popular en toda Europa. Es Patrono de Rusia, de
Grecia y de Turquía. En Roma ya en el año 550 le
habían construido un templo en su honor.
San Nicolás bendito, ruégale a Dios que nos
libre de todo peligro del alma y del cuerpo.
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